domingo, 14 de julio de 2013
Prólogo: "Molly".
Estoy sentada en el borde de mi cama, peinando a mi muñeca Molly. Le intento hacer dos trenzas, como las mías, pero no me salen. Llevo ya mucho tiempo intentando hacerle una, y todavía no he logrado ni la forma. Estoy empezando a pensar que debería rendirme…
Me acerco al espejo y me voy deshaciendo poco a poco mi trenza para ver cómo se hace. Cuando creo que lo he pillado, vuelvo al pelo de Molly, pero nada. No puedo evitar ponerme a llorar. No me gusta nada que no me salgan las cosas. Lo odio. Me hace parecer más incapaz y patosa de lo que ya soy. Blas tiene razón.
Con tanto alboroto, mi mamá entra en la habitación, preocupada, esperando que no me haya pasado nada.
Mi mamá es muy guapa. Tiene 31 años, porque Blas nació muy pronto; a los dieciocho de mamá, repite siempre papá. Su pelo negro es muy bonito, “como el azabache”, dice papá, y la piel muy blanca. No le gusta tomar el sol. Hoy lleva un vestido de playa azul y unas sandalias marrones.
Me ve en el suelo, y se arrodilla a mi lado, mientras rehace mi trenza y peina del mismo modo a Molly.
—No pasa nada, cariño.
El milagro que ha hecho con mi pelo y con el de Molly demuestra que nunca hace una trenza mal hecha. Luego se pone a cantar. Es ya tradición. Siempre que me pongo a llorar, soluciona mi problema y luego canta, para que deje de llorar. A mí me gusta que cante: me relaja, y me calma.
Cuando termina de cantar entra papá. Él también es muy guapo. Tiene los ojos azules, el pelo marrón clarito, como la madera de mi cama, y es muy, muy alto. Lleva unos vaqueros a la rodilla y una camiseta roja.
Yo no me parezco a ninguno. Mi pelo es naranja y ondulado. Con los ojos verdes, pero ni de lejos tan bonitos como los de mamá. Ella siempre me recoge el pelo en dos trenzas y me pone vestidos blancos y rosas.
Papá, cuando me ve, me coge y me lanza por los aires, como hace siempre que me ve llorar.
—¡Papi, para! —Siempre digo lo mismo, pero nunca quiero que pare, es divertido.
—Pablo, déjala —dice mi madre, como siempre, con una sonrisa.
—Vale —responde mi padre, alargando la “e” tanto como Blas a veces—. ¿Qué pasaba antes?
—Que Luna no sabía hacerse la trenza.
Sí, me llamo Luna. Y me gusta mucho. Mis papás me pusieron ese nombre porque se conocieron, se casaron y me tuvieron con luna llena. Y, además, mamá dice que la luna es tan bonita como yo.
—Podrías bajar abajo a ver la tele, Luna.
Pongo cara de asco. No me gusta la televisión. Me gusta más jugar con Molly.
—Están echando Hora de Aventuras.
Me levanto de un salto, cojo a Molly y bajo corriendo las escaleras que dan al salón. Abajo también están la cocina, el cuarto de estar y el comedor. Y arriba, los dormitorios.
Cuando llego, veo a mi hermano mayor tirado en el sofá, viendo La que se avecina, su serie favorita. Suspiro. De seguro vamos a tener guerra por el mando.
Él también es muy guapo. Se llama Blas, aunque nadie sabe por qué. Tiene 13 años, su cumple es el 31 de Diciembre, y tiene los ojos de papá y el pelo de mamá. Lleva una sudadera azul oscuro Hollyster y unos vaqueros grises. Le adoro. Es muy bueno conmigo. Bueno, menos con el mando.
Blas levanta la vista, me mira, y devuelve su vista a la tele. Me acerco poco a poco, salto de pronto encima de él, me apropio del mando y salgo corriendo.
—¡Luna, para ya! ¡No tiene gracia!
Le ignoro y salgo corriendo, ya que él corre tras de mí, persiguiéndome. Pero la carrera no dura mucho. Al fin y al cabo, corre mucho más rápido que yo. Me quita el mando y se tumba de nuevo en el sofá, abrazando el mando.
—¡Mamá! ¡Blas no me deja ver hora de Aventuras!
Veo a mamá bajar las escaleras, acercarse por detrás y coger el mando.
—¡Devuélveme el mando!
—Tienes una tele en tu cuarto, deja a tu hermana un rato.
—Pero es que ni siquiera me pidió permiso.
—¿Ahora es ese el problema? —Mamá suspira, obvio. No le gusta que peleemos—. Luna, pídele el mando a Blas.
—Blas, ¿me dejas el mando? —pregunto con cara de niña buena.
—Solo si mamá me deja hacer palomitas.
Mamá pone los ojos en blanco. Siempre nos salimos con la nuestra,. No responde, pero eso es un sí.
Blas me da el mando y se va a la cocina. Mi mamá sube de nuevo arriba, y yo cambio de FDF a Boing.
Estoy viendo como Finn y Jake intentan salvar a la Princesa Chicle del Rey Hielo cuando oigo que la puerta de la entrada se abre de un portazo, como si le hubiesen dado un golpe.
—¡Mamá, papá! ¡Venid!
Veo como mis padres bajan corriendo.
—¿Qué pasa? —preguntan a la vez, cosa que me hubiera hecho reír si no hubiese estado tan asustada.
Había visto muchas pelis con Blas en las que los ladrones entraban a una casa, con pistolas y de todo, y mataban a todos sin piedad. No quería que pasase eso.
—He oído entrar a alguien.
—¿Estás segura?
—Yo no miento.
Al segundo, todos nos callamos para ver si es verdad que ha entrado alguien. Y sí, se oyen pasos en el recibidor.
—¡Blas, ven! —llama papá, intentando hacerlo lo más bajo posible.
—¿Qué quieres?
—Coge a Luna y escondeos.
—¿Por qué? ¿Qué pasa?
—Solo haz lo que te digo. Yo voy a ver.
—¡Voy contigo! —dice mamá.
—Pero ¿qué pasa? ¿A dónde vais? Me estáis asustando. ¡Contestadme!
Pero mis padres ya se van al recibidor, donde oímos los pasos.
Blas me mira desconcertado, y luego se encoge de hombros.
—Bueno, ¿dónde quie…? ¡DIOS MÍO!
No llega a terminar la pregunta, porque de repente se oyen gritos y tiros, que vienen del… Recibidor. Donde están papá y mamá.
Blas me coge y me mete con él debajo de la mesa del salón. Yo lo abrazo y empiezo a llorar sobre su hombro. Sus películas se estaban haciendo realidad. Quería que parase ya el ruido del recibidor.
Al fin, todo para. Pero ni él no yo nos movemos. Nos quedamos así un buen rato, hasta que al final Blas me suelta y se levanta.
—¿Vienes?
Niego con la cabeza. No quiero ir y encontrarme con lo peor, Prefiero estar aquí, haciendo cualquier cosa. Él se aleja, con la cabeza gacha, y yo me quedo aquí.
Pasa un tiempo, y Blas no viene. Al final, me decido y me levanto. Voy a la entrada pensando: ¿Qué pasaría si papá y mamá estuviesen muertos?
Llego al recibidor, y efectivamente. Allí me espera mi infierno.
Tres figuras yacen en el suelo. Sin vida. Mamá, papá, y… Un hombre, desconocido para mí, con la pistola en la mano. El asesino. Su asesino. Y Blas, en una esquina, llorando, con la cabeza sobre las rodillas. Me acerco y lo abrazo, llorando yo también.
¿Por qué tiene que pasar esto?
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Woow!! ya estas subiendo el proximo capitulo! me a encantado sige por favoor!!!
ResponderEliminarP.D: soy bea(;
Gracias, Bea. Pero este prólogo es de Mer.
ResponderEliminarEl próximo también está a su cargo, así que no sé cuando lo subirá. Yo estoy en ello con el segundo.
Gracias por seguirnos:
Obs (desde http://porsiquedanlucesenlaoscuridad.blogspot.com , http://palabrasdeambar.blogspot.com/ y http://atrapalasletrasquevuelan.blogspot.com/ )